El problema de los libros de textoEste curso que tenemos a medias, me he gastado 260 euros en libros y material escolar para mi hija, que estudia tercero de primaria. Y me siento afortunado, escuchando las cifras que manejan otros padres que tienen a sus hijos en otros colegios.

Esto tiene que cambiar y no únicamente por que estamos en crisis. Tiene que cambiar porque en el siglo XXI, con internet, con una sociedad dinámica como la nuestra, con la cantidad de material que existe compartido en distintas lugares del mundo, los niños no, bajo ningún concepto, necesitan libros de Plástica, de Religión, de Alternativa, de Inglés, de Música… Para todas estas asignaturas existen materiales descargables e imprimibles, vídeos, películas, tutoriales, mp3… Cosas que les van a aportar mucho más que un libro.

Seguro que si estás leyendo este texto, conoces muchos recursos como los que te he comentado. Puede ser Youtube, vimeo, Khan Academy, las JMJ, la web de Martha Stewart… Me da igual. Hay cientos de miles de opciones. Entonces, si todos las conocemos, ¿por qué no se utilizan? Detecto dos factores:
- La comodidad de los profesores, dado que los libros les solucionan el programa del curso.
- La intransigencia de los padres, que muchos pensarían que sin libros no se aprende.

Ambos factores tienen que desaparecer.

Los profesores no pueden pretender que los padres nos solidaricemos con ellos por el tema de los recortes en educación y en su bienestar cuando resulta que ellos no se preocupan por el nuestro. Es un principio de solidaridad básico.

Los padres, por otro lado, tenemos que respetar y entender a aquellos profesores que hacen ese esfuerzo por preparar un programa más específico. Es más, tenemos que agradecérselo y apoyarles pues si tienen el interés de realizar una educación personalizada, esta invariablemente será muy positiva para nuestros hijos.

Una vez eliminados los libros de esas asignaturas, quedan los libros de las asignaturas principales: lengua, matemáticas, etc. y del material escolar. Los contenidos no cambian de año en año pero sí que cambian las ediciones de los libros, intercambiando páginas, cambiando un par de dibujos, las portadas, etc. obligando a que no se puedan aprovechar libros entre hermanos. Además, las editoriales no son tontas y plantan ejercicios para completar en los mismos libros para que no puedan reutilizarse al año siguiente. Y los profesores los corrijen en muchas ocasiones con bolígrafo en el propio libros. ¡Ni la goma de borrar soluciona esto! ¡No te puedo dejar el libro de mi hija porque está todo pintado! ¡A comprarse otro!

¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos? Les estamos enseñando que todos los años se compran 5-10 libros que se tiran al año siguiente, que no hace falta cuidarlos, que no es importante que para hacer los libros de los alumnos de primaria de un año se hayan matado cuatro árboles y gastado 20 metros cúbicos de agua…

¿Qué les enseñaríamos si reutilizaramos los libros entre cursos? Les enseñaríamos a cuidar sus cosas, a que lo que se compra se debe aprovechar, a cuidar del medio ambiente, a compartir, orden, limpieza, a que un libro es importante, a que los recursos son importantes…

Esta claro que la solución pasa por reutilizar los libros entre cursos. Pasa por que los profesores se comprometan a exigir a sus alumnos que escriban las respuestas en sus libretas y a mantener el libro durante, al menos, los cuatro años que marca la ley, mejor más tiempo. Existen Asociaciones de Padres que gestionan los intercambios de libros entre familias pero si no tienen la completa colaboración del colegio, esto se convierte en una lucha imposible. Todas las partes implicadas deben colaborar en conseguir la reutilización de los libros

Por tanto, la solución pasa por una cooperativa de compra de libros y material. La cooperativa sería gestionada y organizada por la administración correspondiente a nivel de Comunidad autónoma (me parece muy complejo), ayuntamiento (más razonable) o colegio (sería perfecto). Para ello, obviamente, los colegios necesitan recursos humanos que puedan realizar dicha gestión. Sería una persona por colegio (o varios) durante unos meses (Junio a Octubre) que debería ser aportada por la Comunidad Autónoma o el Ayuntamiento, por ejemplo (en lugar de becas de libros)…

El proceso podría ser el siguiente:

  • Los libros que hay ahora mismo en el colegio se respetan y se mantienen a final de curso. Los padres y profesores hacen un esfuerzo por mantenerlos en el mejor estado posible. Con ello, partiríamos con un stock importante.
  • Al final el curso, los libros se dejan en el colegio. Todos. La persona/s que corresponda entra en acción, los revisa, clasifica, determina las necesidades para el curso que viene, etc. Tenemos todo el verano por delante para ello.
  • Si un alumno no deja un libro en buen estado, se exigirá al padre el pago de una multa por dicho libro
  • Comienza el curso. Los padres aportan 50 euros (por ejemplo) a la cooperativa. Con dicho aporte tiene acceso a los libros reutilizados más el material escolar, que se ha comprado al por mayor, mucho más barato que si lo compras directamente en la papelería…
  • El saldo restante se utilizaría para comprar libros que falten por defectuosos o porque los grupos son más numerosos y para renovar, por ejemplo, todos los libros de un curso que ya lleve demasiado tiempo con ellos

Los padres pasaríamos de pagar más de 200 euros por curso a pagar 50 euros por curso. Los niños aprenden valores extra. Todos trabajamos conjuntamente en lograr un bien común, lo cual no está mal hoy en día.

¿Qué os parece la propuesta? Y si os gusta, ¿A qué estamos esperando?


Sólo una reflexión más al hilo del último post publicado sobre el RECICLAJE de PLASTICOS.

 

 

Dentro de los documentales de la Noche temática de Televisión española, destacamos “Oceános de Plástico” por su relación con el tema de los residuos plásticos y las consecuencias medioambientales y para la salud.

En ciertos círculos, pensamos que nadie puede tener duda, a estas alturas, de los problemas de presente y sobre todo de futuro, que la generación de toneladas de residuos plásticos provoca en nuestro entorno. Pero realmente, sorprende, que en muchos ambientes, todavía piensan que “esto no va con ellos” … se argumentan razones de todo tipo para justificar el no reciclado (que si el contenedor está muy lejos, que no tienen sitio en su cocina para tanto cubo, que en su municipio no se separan los residuos …) y toda una lista de “razones” para echar la pelota fuera y no asumir la responsabilidad que CADA UNO tenemos en esta historia.

La conciencia colectiva es la de “la culpa es de los gobernantes” y total con uno sólo no se va a notar la diferencia …¡así nos va!

Luego nos echamos las manos a la cabeza cuando, periódicamente, la OMS admite alguno de los compuestos como nocivos para la salud y de efectos a largo plazo desconocidos …

El documental que recomendamos no tiene desperdicio, y habla de la acumulación en TODO EL OCÉANO de residuos plásticos y las consecuencias que éstos pueden tener en los animales marinos, y lo que nos toca más de cerca (porque parece que, total lo que les pase a las ballenas no es asunto nuestro), los efectos de estos compuestos en nuestra salud y sobre todo en la de nuestros hijos.

Aunque el fabricante de plásticos de el documental diga que es una alarma injustificada, prefiero reducir al mínimo la presencia de plástico en los alimentos que consumimos, aunque disminuya mi comodidad

 


El otro día estaba leyendo este artículo del Canal Solidario y me quedé sorprendido de lo que contaban: en España únicamente se reciclan un 30% de los envases que se producen mientras que en paises como Alemania se reciclan un 98,5% de ellos.

¿Cómo es esto posible? ¿Son más comprometidos nuestros vecinos alemanes? ¿Somos los españoles unos irresponsables? Sin descartar las dos opciones anteriores, está claro que el sistema alemán es mucho más efectivo que el español dado que repercute en el bolsillo de los ciudadanos no indirectamente como en el caso de España, sino de manera directa mediante el ya clásico sistema de los envases retornables.

Los más viejos del lugar lo recordarán. Comprabas botellas y pagabas un sobreprecio por los “cascos”. Luego, al ir a comprar te pagaban por las botellas devueltas.  Si tiras las botellas, pierdes dinero, así que te preocupas mucho de devolverlas. Sencillo, ¿verdad?

¿Por qué se quitó este sistema tan eficiente? Quizás es que somos muy cómodos y es un rollo tener que ir a la tienda cargando con las botellas vacías. Quizás es incómodo para las tiendas gestionar dicho proceso. El caso es que en Alemania (y en otros 33 países) usan ese sistema, lo llaman con un nombre importante (SDDR – Sistema de Depósito, Devolución y Retorno) y consiguen una serie de ventajas:

  • Al repercutir directamente en el ciudadano, se incremente la disposición del mismo al reciclaje
  • Se reducen los puntos de recogida de envases, con el ahorro de costes que supone. También supone menos trabajo al servicio de recogida de basuras y, por tanto, supone un ahorro al Ayuntamiento.
  • La incomodidad del proceso para el ciudadano puede hacerle buscar la forma de consumir menos envases, por ejemplo, comprando más en los mercados.

Si os animáis a apoyar la campaña lanzada por Retorna, podéis hacerlo desde esta página.  También podéis ver un vídeo que lo explica todo muy bien.